¿Pueden los alimentos crear adicción?

Posted in Francisco Mata Rabasa

 

Con frecuencia, en mi consulta médica, ante múltiples patologías surge la necesidad de aconsejar al paciente un cambio en su alimentación. Y también con frecuencia, desafortunadamente, la respuesta es la misma: “Si me tengo que amargar la vida prefiero seguir comiendo como lo hago, que al menos me gusta y me hace la vida más agradable”. Lo sorprendente es que esta respuesta te la puede estar dando una persona con enfermedades que en un futuro próximo pueden  suponer un alto riesgo para su vida.  ¿Será que la mayoría de la gente es imprudente y temeraria y no es capaz de valorar su situación médica y a partir de ello tomar medidas consecuentes?

Según recientes investigaciones parece que no es tan solo cuestión de “echar” la culpa al individuo. La Dra.

Nora Volkow, directora del Instituto Nacional de Abuso de Drogas en EEUU y destacada investigadora internacional en el efecto de las drogas, ha dejado bien claro en sus últimos trabajos que la respuesta no es tan sencilla. Según ella los alimentos se pueden comportar a nivel cerebral de un modo similar a las drogas, en múltiples aspectos. “Un creciente número de investigaciones médicas desarrolladas en universidades punteras y laboratorios gubernamentales sugieren que los alimentos procesados y las bebidas azucaradas… no tan solo no son saludables. También pueden apoderarse del cerebro de un modo que recuerda a las adicciones a la cocaína, la nicotina y otras drogas. Los datos son tan abrumadores que los especialistas deben aceptarlo,” dice Nora Volkow… “Estamos encontrando un solapamiento tremendo entre (el modo de actuar de) las drogas y los alimentos en el cerebro”.   “La habilidad para resistir el impulso a comer requiere el correcto funcionamiento de los circuitos neuronales implicados en el control para oponerse a la respuesta condicionada que supone la recompensa y el deseo de comer ciertos alimentos. Estudios de imagen cerebrales muestran que los individuos obesos pueden tener alterados estos circuitos asociados a recompensa, condicionamiento y control”.   “Esto puede llevar a una incapacidad para inhibir el impulso a buscar y consumir ciertos alimentos, a pesar de la intención de no hacerlo”.

¿Qué quiere decir esto? El que una persona sea obesa o con sobrepeso puede deberse a que a la hora de controlar lo que comen y la cantidad que comen se vean incapaces de hacerlo ya que su cerebro, debido al habito alimentario adquirido desde probablemente su infancia y a lo largo de toda la vida, presente alterados los circuitos encargados del control y resistir así la tentación. Podemos hablar de un desequilibrio entre los centros que nos llevan a comer para sobrevivir y aquellos centros encargados de decirnos “ya tienes bastante”. Por otro lado tenemos el hecho real de que, debido a la tecnología moderna existente, los alimentos son manipulados por la industria alimentaria con el fin de hacerlos más apetitosos, a base de aumentar su contenido en grasas, azúcares, sal y potenciadores del sabor, con el claro objetivo de aumentar las ventas. Sustancias y concentraciones para las que nuestros cuerpos nunca estuvieron preparados. “En un mundo de comida “basura”, la señal química que produce el estómago para decir que está lleno puede no llegar a anular los centros del placer del cerebro”. “En eso consiste un postre dulce; se trata de un alimento que es capaz de superar la señal cerebral de saciedad de modo que, aunque una persona esté llena, puede comérselo debido al placer que genera”, nos comenta la Dra. Volkow.

Como nos comenta el Dr. Neal Barnard en su reciente libro “21-Day Weight Loss
Kickstart” (Perder peso en 21 días. La puesta en marcha), “Seamos sinceros: nadie nunca va a una verdulería a las nueve de la noche a comprar una coliflor (o manzanas, naranjas, guisantes, etc.)… o “me siento solo; voy a comerme una puñado de uvas”. Estos alimentos no “tocan” el cerebro del mismo modo que el azúcar, el chocolate, los quesos o las carnes”.”Efectos similares a las drogas han sido descritos para estos alimentos”.

Y, ¿qué puedo hacer si me encuentro en esta situación de “adicción” a ciertos alimentos o maneras de comer? Para algunas personas, ser conocedoras de la existencia de este mecanismo les pude se suficiente para autocontrolarse. Para otros, esta situación en la que se encuentran es demasiado difícil de supera por ellos mismos y precisan recurrir a un médico o nutricionista para salir de la “trampa” en la que se encuentran. El Dr. Barnard, en el libro citado, nos ofrece siete pasos prácticos:

 

  1. Comienza el día con un desayuno saludable.
  2. Ingiere alimentos con bajo índice glicémico.
  3. No pienses en calorías. Come alimentos ricos en nutrientes y fibra y que en si mismo son bajos en calorías: frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.
  4. Si las ansias te acechan a la misma hora, márcate actividades que sean incompatibles con el comer. Por ejemplo, algún tipo de actividad física.
  5. Haz mucho ejercicio y descansa correctamente.
  6. Busca apoyo social. La familia, los amigos pueden ayudarte a resistir las tentaciones.
  7. Busca otras motivaciones. Porque te mejora el humor cuando no los comes, porque te encuentras más despierto y ágil, porque mejora tu salud, etc.

 


Varios estudios científicos sugieren que el cortar con esta “adicción” y volver a disfrutar de un paladar acostumbrado a alimentos más saludables puede llevar unos 30 días. De ahí la necesidad de buscar un especialista que te acompañe y te enseñe en el proceso del cambio.

Incluso para algunas personas, intentar escapar de esta adicción a los alimentos en el entorno familiar y social de cada día se les puede hacer muy difícil. Recurrir en estos casos a una clínica o centro naturista donde centrarse en el cambio y el aprendizaje puede ser muy conveniente. Una abstinencia completa de todo tipo de alimentos, siguiendo un ayuno de solo agua durante una semana y una vuelta a los alimentos progresiva y vegetariana, supervisada por un médico especializado en ayunos, se ha demostrado que es un método muy eficiente para restablecer una relación saludable con los alimentos.

 

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