Macrobiótica para todos

Posted in Antonio Areal


En los tiempos que corren es conveniente llevar a cabo rutinas que nos ayuden a mantener nuestro centro energético y nuestra salud, pues los cambios trepidantes que estamos viviendo a todos los niveles nos desajustan y desequilibran con enorme facilidad y rapidez.  Así, la respiración, el movimiento, la meditación, dormir suficiente…, son actividades que deberíamos promover con calidad y con conciencia en nuestro día a día.

La serotonina es una de las claves de la conducta humana.  La llaman la hormona del bienestar, pues entre otras funciones regula el apetito, el deseo sexual, el ciclo de sueño y de vigilia, las emociones, la temperatura del cuerpo…  Además, junto con la dopamina (la llamada hormona del placer), la adrenalina y la norepinefrina, regula el miedo, la agresividad, la ansiedad y la desconfianza…

¿Sabías que en las mucosas del sistema digestivo se produce el 95 % de la serotonina y el 50 % de la dopamina del cuerpo?

Por eso, en este abanico de posibilidades que mencionábamos al comienzo, la alimentación es uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta.

A la hora de comer, podemos elegir entre distintas formas de nutrición.  Comprar alimentos (sin leer las etiquetas), llevarlos a casa y meterlos en la nevera, y calentarlos o incluso cocinarlos, no es sinónimo de nutrición.  Muy al contrario, hasta puede ser sinónimo de malnutrición.

¿Por qué?  Porque los alimentos congelados no nos proporcionan energía alguna, los frescos –no biológicos-, tienen pesticidas y fertilizantes (por no hablar de los antibióticos y otras sustancias de la proteína animal), que nos perjudican, y los envasados son mayoritariamente refinados, edulcorados, pasteurizados y con añadidos que más que nutrirnos pueden llegar a enfermarnos.

Hay un propuesta que recoge el conocido principio hipocrático: “que tu medicina sea tu alimento y tu alimento sea tu medicina”, y a esta propuesta se llama macrobiótica.

Existen diferentes corrientes macrobióticas.  Las más conocidas son las de George Oshawa y la de Michio Kushi.  Más allá de esto podemos hablar de macrobiótica terapéutica y macrobiótica abierta.  Si una persona está enferma, puede contactar a un consultor marcobiótico para que le aconseje una dieta adecuada a su situación y con las cocciones, los alimentos y las frecuencias que sean las apropiadas para su recuperación, como haría un médico con la posología del tratamiento que le prescribiera.  Si una persona lo que quiere es alimentarse de manera equilibrada, sana y de acuerdo a su condición y constitución, puede optar por una macrobiótica abierta que consiste básicamente en lo siguiente:

Cereales integrales (arroz, cebada, espelta, trigo sarraceno, mijo, avena...), legumbres y sus derivados (proteína vegetal elaborada como el tofu, seitán tempeh…), y verdura fresca de estación, componen un plato macrobiótico estándar.

En los desayunos se recomienda una sopa de miso y una crema de cereal, que se acompaña con semillas.

En la mayoría de las cocciones se añade un alga (kombu, arame, wakame, hiziki…), pues aportan minerales de fácil absorción y alcalinizan aquellos alimentos que sean ligeramente acifdificantes.

Los pickles y encurtidos también se añaden en la comida principal, pues facilitan la segregación de jugos gástricos ara una mejor digestión.

Esta nueva manera de alimentación y de cocción es fácilmente aprendible a través de breves cursos y libros, y es apenas una recuperación de los tradicionales conceptos de cocina de nuestros antepasados, enriquecidos en la actualidad con elementos muy útiles que nos aportan enormes beneficios a nuestra salud.

Si bien es cierto que en las tiendas de dietética hay una gran variedad de productos que pueden llegar a hacer esta dieta de alto costo, la auténtica es MUY sencilla y asequible a todos los bolsillos (recordemos: cereales integrales, legumbres y verduras frescas, de estación y del entorno), y permite la elaboración de tentempiés con los que podemos contar para llevar al trabajo, de viaje o de excursión, como son los sushis, las bolitas de arroz, sándwiches vegetales (con panes elaborados con levadura madre y harina integral), así como riquísimos postres sin azúcar y bajos en calorías.

¿A qué esperas para empezar?

ANTONIO AREAL
Consultor Macrobiótico
Para más información, puedes visitar www.macrovida.es

 

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