El granado, el regalo que nos dejaron los bereberes

Posted in Helena Vizan Hernández


Etimológicamente, la granada es una manzana con semillas. En italiano, el nombre del árbol melograno deriva del latín malum  (manzana) y granatum  (con semillas). En inglés pomegranate  y el alemán Granatapfel hacen referencia a la misma idea.


El fruto es originario de una región que abarca desde Irán hasta el norte del Himalaya  en La India, y fue introducido cultivado en toda la región del Mediterráneo  desde la Antigüedad. Es  apreciada en las zonas desérticas, por estar protegida de la desecación por su piel gruesa y coriácea, lo que permitía que las caravanas la pudieran transportar grandes distancias, sin que le afectara en la conservación de sus cualidades. Se sabe del cultivo de la granada, desde hace al menos 5000 años en Asia occidental y en el Norte de África. Están documentados en los jardines colgantes de Babilonia y lo vemos representado en los bajorrelieves egipcios. Los antiguos egipcios preparaban con su jugo  vino. Los romanos conocieron la granada gracias a los fenicios que la introdujeron desde el actual Líbano, de ahí su nombre científico de Púnica. Hipócrates, padre de la medicina,  recomendaba el jugo de la granada contra la fiebre y como fortificante contra la enfermedad. Son los bereberes quienes traen la fruta a Europa, y la ciudad de Granada, fundada en el siglo X, recibió su nombre a partir de esta fruta. Se dice que en Inglaterra fue plantado el primer granado por Enrique VIII a raíz de  su matrimonio con Catalina de Aragón.

España es uno de los mayores productores del mundo y el mayor productor exportador de Europa. Aunque paradójicamente no es una fruta muy consumida en nuestro país, sólo el 5% de la producción es destinada al consumo interno.

La medicina tradicional utilizaba sus semillas como vermífugo y astringente. Y hoy está considerado el alimento con propiedades más antioxidantes gracias a la presencia de flavonoides taninos, ácidos elágico y gálico y quercitina. El ácido elágico tiene efectos antitumorales en cáncer de pulmón, próstata, mamas y piel, sobre todo en sus fases iniciales.



Destacan  sus efectos cardiovasculares ya que retrasa el desarrollo de la arterioesclerosis, disminuye la presión sanguínea y regula los lípidos. Las sustancias antioxidantes presentes en el fruto mejoran la artritis y los fitoestrógenos podrían ayudar a combatir alteraciones de la menopausia como depresión y osteoporosis. El jugo de la granada tiene también efectos positivos sobre la disfunción eréctil en el hombre, cuando es consecuencia de hipertensión, problemas cardiovasculares o diabetes.

La actual cosmética fomenta el uso de los flavonoides de la granada que refuerzan las defensas cutáneas.

Durante el medievo se consideraba ideal el sabor característico de la granada, un sabor complejo, al mismo tiempo delicado y fuerte, agrio y dulce, con una pizca de amargo astringente. Esos cánones que exigían alimentos que uniesen varios sabores distintos, se consideraban beneficiosos para la salud.

Por su aspecto, a lo largo de los siglos y las culturas se ha asociado a la fertilidad (sus semillas es lo más característico) y a la sangre (por su color), de tal forma que es un fruto culturalmente ligado a la vida como ningún otro. Muchos pueblos han visto la granada como un símbolo de amor, de fertilidad y de prosperidad.

La historia y la antropología no han dejado de hacerse eco de la importancia de este fruto. En Babilonia masticaban sus semillas antes de ir a una batalla para ser invencibles. A principios de los ochenta, en la explanada de las de Jerusalén se descubrió un objeto de marfil con forma de granada, un adorno que llevaba ensamblado el cetro de la máxima autoridad religiosa del templo, el sumo sacerdote. Estudios posteriores lo datan en tiempos de la monarquía hebrea. Con ella se representaba la paz, el diálogo, la fraternidad y la unidad del pueblo. Además podemos entender a partir de este hallazgo las muchas referencias a las granadas que aparecen en la Biblia. Lagranada se convirtió en un símbolo de fecundidad. El fruto del granado era la ofrenda preferida entre los regalos de boda porque sus numerosas semillas representaban la descendencia de la familia y la continuidad de la tradición. El libro del Cantar de los Cantares juega con la simbología de la granada para reflejar la fecundidad y expresar el placer (Cant 4,3). El símbolo de la granada lo encontramos en los escritos más antiguos de la Biblia. Los relatos de la estancia de los israelitas en Egipto están llenos de alusiones a las granadas. El delta del Nilo era lugar de granados. Según  libro de los Números los exploradores enviados por Moisés a la tierra prometida llevaban el fruto del granado como prueba de la fertilidad del país (Núm 13,23). Las descripciones que se hacen del templo de Salomón reflejan su presencia en la arquitectura. Cientos de granadas coronaban la parte alta de los capiteles de las columnas del templo (1Re 7,18.20.42; 2Crón 3,16; 4,13; Jer 52,22). Las granadas también eran utilizadas como ofrendas en el templo. Los textos legales determinan que a los funcionarios y grupos como los levitas, se les entregaba la décima parte del trigo, del vino y del aceite, de las granadas y de otros frutos (Tob 1,7)..La numismática atestigua igualmente la importancia de la granada: durante el reinado de Herodes el Grande, en el año 3 a.C., antes de la imposición del culto al emperador los romanos todavía permitían acuñar monedas locales sin su rostro, se puso en circulación una moneda que en su reverso contenía la imagen de una granada.

Según la mitología griega, un granado brotó de la sangre del dios del vino, Dioniso, cuando fue despedazado por los titanes, y por ello el fruto se abre como una herida, mostrando su interior rojo. Para los antiguos griegos la granada simboliza la promesa de resurrección, pues Rea, la abuela de Dioniso, logró devolverle a la vida.

Otras versiones apuntan que el primer granado fue plantado por la diosa griega del amor y la belleza, Afrodita.

Hades ofreció una granada a Perséfone, tras raptarla, con el fin de retenerla en su reino de muerte, lo que sólo sucedería si ingería algún alimento, pero Perséfone también era la “kore” o joven doncella. El mito central de Perséfone, era también el contexto de los ritos de Eleusis, que prometían la inmortalidad.De todos los ritos iniciáticos celebrados en la antigüedad, éstos eran considerados los de mayor importancia. Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso la vida a la tierra durante la primavera. Perséfone había comido semillas de granada (símbolos de la vida) mientras estuvo en el Hades.Y su renacimiento es, por tanto, un símbolo del renacimiento de toda la vida vegetal durante la primavera y, por extensión, de toda la vida sobre la tierra.

Pero también la encontramos en la mitología romana, Juno es una diosa romana, hija de Saturno y de Rea, y hermana de Júpiter (Hera para los griegos). Era representada en ocasiones con la granada en la mano como símbolo de fertilidad.  Juno personifica el ciclo lunar, rige las fiestas de los principios del mes y el renacimiento de la luna. Juno es invocada también bajo el nombre de Lucina: en ese caso era la diosa que velaba por los nacimientos (de donde derivan nuestra expresión “dar a luz” y el verbo alumbrar). Juno es el símbolo del matrimonio. Muchas veces aparece entre sus manos la granada, emblema de la fecundidad.

El cristianismo adaptó y adoptó muchas de las formas y los ritos paganos haciéndolos suyos. La Virgen María es la de Madre del Amor hermoso y María o Myriam en hebreo, significa “Amada de Dios” ambas advocaciones hacen referencia a Afrodita. Pero el simbolismo cristiano, veía el trigo como una imagen de Cristo, el pan simboliza su cuerpo. Y por ello muchas imágenes de la Virgen sostienen una espiga de trigo o se representa con muchas espigas cubriendo sus vestiduras.Démeter (Ceres para los romanos), la madre de Perséfone (Proserpina para los romanos) es diosa protectora de la agricultura, introductora del cultivo de los cereales, con lo que de nuevo la iconografía cristiana nos remite a la griega: María es la virgen escogida por Dios para ser la madre de su hijo. María y Perséfone ambas vírgenes por una parte. María y Démeter, ambas madres relacionadas con los cereales. Hay que añadir a María y Juno, ambas representadas frecuentemente con granadas.

No son estos los únicos símbolos relacionados con las granadas.  Las esposas romanas ponían entre sus cabellos ramas de granada, y Shakespeare recurría al árbol para la  escenografía de la serenata de Romeo y Julieta. En Vietnam, abrir el fruto significaba la llegada de cien niños y en Turquía se tira una granada en la tierra después de la ceremonia nupcial y se cuentan las semillas que salen cuando se rompe, indicando el número de hijos que tendrá la pareja. En Java, está asociada a ciertos ritos que acompañan el embarazo. En China, se tiene la costumbre de ofrecerle una granada a los recién casados como auspicios de una descendencia numerosa (el color rojo de esta fruta es considerado por la tradición china un color que atrae la buena fortuna). En el Islam se considera al granado como uno de los árboles del Paraíso según las referencias coránicas.

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