Blog

Edo, ergo sum

Posted in Helena Vizan Hernández


Tengo un amigo que tiene la malhadada costumbre de hacerme pensar demasiado. O tal vez sea sólo responsabilidad mía y sus palabras son meras excusas que utilizo para volverme loca pensando una y mil veces lo que ha dicho, por qué lo ha dicho, cómo lo ha dicho… Vamos, que a la hora de complicar las cosas soy única. Por eso, hoy tras compartir mesa con él, me ha dado por pensar en la comida, en los alimentos. Para hacerle justicia tengo que empezar reconociendo que cocina como nadie… en sus fogones se aúnan profesionalidad, carisma y entrega como en ninguno. Y todo ello aderezado con todo el cariño del mundo. Cariño por aquellos que seremos honrados como comensales, y cariño por su labor. Y por encima de todo, el respeto que se respira junto a él por el acto de comer y su preparación previa.

Utilizo de forma consciente el verbo comer. Quiero ser lo más elemental posible al menos por una vez. En estos momentos, verbos como alimentarse o nutrirse son demasiado fríos. Quiero ir más allá de la necesidad biológica. Cuando digo “comer” quiero apelar a lo más básico, a lo más simple, casi instintivo. Pero también a todo el entramado social que rodea esa necesidad fisiológica que hemos convertido en todo un rito social. Recuerdo ahora a Miguel de Unamuno y aquel “edo, ergo sum –como, luego existo-” del prólogo de “Los orígenes del conocimiento: el hambre” de Ramón Turró. O haciendo honor a mi formación clásica incluso a Hipócrates: “"Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento". Porque somos lo que comemos. Pocas cosas son tan importantes en nuestra vida como comer. Es nuestro sustento. Es todo un acto social. Es un rito. Es cultura. Es una producción del hombre en todos los sentidos. Gran parte de nuestra vida gira en torno a una mesa, o a un triclinio, o a una alfombra…

La acepción más primigenia del hogar no es más que donde se preparan los alimentos y con el tiempo se asimilará al lugar donde se vive; con todos los matices posibles, porque una casa no siempre es un hogar, y un hogar no tiene por qué ser una vivienda. No importa cómo cada comunidad lo disponga, porque en todas ellas, comer es algo que nos une, que nos socializa, que nos incluye, que nos da sentido de grupo. Incluso divide y distribuye nuestro tiempo, nuestra vida de una forma tan natural que pocas veces somos conscientes. La forma de alimentarnos establece pautas que nos unen o distinguen. Sin pensar mucho me vienen a la cabeza ecos de múltiples lecturas sobre la cuestión: porcofilias frente a porcofobias, kosher y halaal, veganismo, entomofagia, florifagia… Somos los herederos culturales de la Grecia clásica condimentados con siglos de culturas que nos han matizado, perfilado y conformado en definitiva como somos. Y ya ellos se distinguían como civilizados consumidores de aceite de oliva frente a los bárbaros que consumían mantequilla. Nos enseñan a alimentarnos con otras personas.

Tienda online de utensilios de cocina

Tienda online de suministros de hosteleria

Tienda online de suministros de hosteleria

Tienda online de suministros de hosteleria